Oscar Lewis visita la IUPI y lo despiden con abrazos

A finales de los cincuenta, tras realizar estudios etnográficos en México, el antropólogo norteamericano Oscar Lewis publica su libro Antropología de la Pobreza: Cinco Familias.  En este influyente libro, Lewis presenta lo que él llama la “cultura de la pobreza”, una teoría social que pretende explicar el comportamiento de las clases marginadas de acuerdo a su sistema de valores y prácticas cotidianas.  Lewis describe en detalle aquellas características que de acuerdo a él hacen que la gente pobre sea pobre y que el “ciclo de la pobreza” se repita de una generación a la próxima.  Lewis concluye que estos rasgos, intrínsecos según él a estos grupos, predicen y determinan la transmisión de ciertos valores y comportamientos y, más importante aún, previenen que los mismos puedan trascender dichas condiciones sociales.  Aún cuando el antropólogo reconoció en sus escritos que las circunstancias de la pobreza son causadas por condiciones de discrimen y opresión, muchas veces generadas fuera del sector marginado, éste le atribuye un mayor énfasis a los elementos culturales que apoyan y reproducen el “ser pobre” como condición natural y no social.  Esta teoría sobre la cultura de la pobreza nos toca muy de cerca a los y las puertorriqueñas, ya que a principios de los sesenta Lewis viaja a Puerto Rico y lleva a cabo estudios adicionales en los que amplía su teoría y sus conclusiones originales.

Pese a la influencia que ha tenido la teoría de Lewis tanto en la esfera académica como en el ámbito de la política pública en los Estados Unidos y en Puerto Rico, mucho se ha escrito dentro de la antropología y otras disciplinas sociales clarificando o rectificando ciertos aspectos deterministas implícitos, pero no así probados, en la cultura de la pobreza.  Posiblemente las dos críticas más importantes son, primero, que la teoría de la cultura de la pobreza presenta una visión muy simplificada de los grupos marginados, en parte porque los representa como víctimas de sí mismos, incapaces y sin voluntad de romper el ciclo de la pobreza y transformar sus condiciones de vida.  Segundo, la teoría de Lewis atribuye elementos culturales a la gente pobre que no son exclusivos de las clases marginadas y que por el contrario son compartidos por todas las diferentes estratas sociales, de ahí que los sistemas de opresión y discrimen sociales puedan ser mantenidos sin importar la movilidad económica que pueda tener una persona o familia en particular.  En otras palabras, aún cuando culturalmente le atribuimos comportamientos y valores específicos a las personas de diferentes clases sociales, por lo general todos en la sociedad reconocemos y estamos “de acuerdo” con cuáles son esos comportamientos y esos valores, a quiénes les corresponden, y cuándo éstos están fuera de lugar.

El pasado martes 7 de diciembre, Lewis regresó a Puerto Rico invocado por la falta de sensibilidad de la administración universitaria, las tácticas de reclutamiento irresponsables, antisociales y abusivas de Capitol Security y la incapacidad, en general, del gobierno clasista de Luis Fortuño de entender la educación como un derecho y no como un artículo de lujo y privilegio de unos pocos.  De acuerdo a la cultura de la pobreza de Lewis, los y las empleadas de seguridad, por su condición de “ser” pobres, no tienen la capacidad de identificarse con los estudiantes de la UPR, porque entre otras cosas ellos y ellas no aspiran a estudiar, no entienden de política, y les interesa más el dinero que el sufrimiento de otros seres humanos.  Según esta teoría, es fácil para Capitol reclutar a estos y estas jóvenes, porque su condición de pobres les impide pensar críticamente y, por el contrario, solo pueden actuar violentamente contra su prójimo—convirtiéndolos en perfectos peones sacrificables en el ajedrez de la lucha social.  Para Capitol, y la administración que la contrato, estos y estas jóvenes no sirven para otra cosa que para dar cantazos, después de todo, eso es lo que han aprendido de su cultura de pobres.

Sin embargo, ese mismo martes en que el espectro de Oscar Lewis andaba de vuelta en la IUPI, estudiantes y empleados de seguridad demostraron que la cultura de la pobreza es más compleja de lo que piensan aquellos que la usan para oprimir y fraccionar a una sociedad ya cansada de abusos institucionales y desesperanzada ante la falta de opciones reales para salir adelante.  Contrario a las predicciones de la cultura de la pobreza y la subestimación de sus empleadores, los y las empleadas de Capitol respondieron con gestos y abrazos las palabras honestas y comprometidas de uno de los portavoces y organizadores universitarios, Giovanni Roberto.  Giovanni no solo retó las premisas en las que se basa la teoría de Lewis, sino que con sus acciones demostró que el respeto y el dialogo son valores y prácticas culturales que trascienden las diferencias económicas—no porque reducen las condiciones materiales, mas sí porque reenfocan tales condiciones dentro del marco ideológico de la defensa de la igualdad, la justicia social y la democracia.  En su discurso frente a la línea de seguridad, Giovanni no solo logró que los y las empleadas de Capitol se identificaran con los reclamos de la comunidad universitaria por éste compartir antecedentes raciales y sociales similares, sino que además con un proyecto social que, a diferencia del que promueven la administración y el gobierno, los y las incluye de igual a igual en el beneficio del mismo.  El gesto simbólico de estos abrazos envía un mensaje muy claro a la administración y al gobierno de turno: al igual que la teoría de la cultura de la pobreza tiende a subestimar la capacidad crítica de los sectores marginados y los culpabiliza por sus condiciones de vida, las practicas y actitudes antidemocráticas y abusivas de la administración de la UPR subestiman el compromiso y la organización de los y las estudiantes, su formación política y académica y su capacidad para participar como iguales en la toma de decisiones necesaria para mitigar la crisis fiscal y administrativa.  Si bien es cierto que la administración, Capitol y el gobierno trajeron a Lewis de regreso a la IUPI, los y las estudiantes y empleadas de Capitol lo despidieron con abrazos.

Comentario publicado por Federico Cintrón Moscoso en el periódico Claridad, versión digital 12.13.2010.

Publicado el febrero 18, 2011 en Yo opino. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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